Mucho tiempo antes de que la familia Patón formara la alquería de los Patones, otros habitantes ocuparon este territorio. Hombres y mujeres de las cavernas, poblaciones prerromanas, romanos y visigodos también forman parte de nuestra historia. Como también lo son las distintas infraestructuras hidráulicas que hoy decoran nuestro paisaje y que influyeron en la forma de vida de nuestros vecinos.

La historia de Patones comienza tiempo atrás, hace treinta mil años, cuando hombres y mujeres de la Edad de Piedra comenzaron a utilizar la Cueva del Reguerillo como hogar y refugio. Los grabados que dibujaron quedaron en la cueva como testimonio de su presencia y forma de vida y fueron descubiertos milenios después.

La cueva se siguió utilizando en el III milenio a.C. durante el Neolítico y la Edad de Bronce por pastores que también utilizaban la parte exterior del cerro de la Oliva. Restos cerámicos y una cueva destinada al enterramiento son la herencia que nos queda de este periodo.

El uso del cerro de la Oliva como asentamiento continuó en la Edad de Hierro hasta la Romanización debido a su ubicación estratégica. La “Ciudad sin nombre” pudo ser un asentamiento importante como lo demuestran sus calles con varias manzanas, la existencia de un edificio porticado con un posible uso comercial y uno con pilares con un uso público- administrativo.

Con el cambio de era la ciudad se abandonó pero se utilizó en la época visigoda (siglos V – VII d.C.) como emplazamiento para una necrópolis. Se han encontrado más de treinta tumbas ubicadas sobre casas de la antigua ciudad romana.

Tras la reconquista cristiana volvió a ocuparse el cerro de la Oliva, esta vez en la parte inferior, por un conjunto de familias que debió formar un pequeño núcleo de población rural alrededor de la ermita de la Virgen de la Oliva (siglo XIII).

No es hasta el siglo XVI cuando pastores de Uceda formaron la pequeña alquería de los Patones, que recibió este nombre por el apellido Patón de sus fundadores. Los inconvenientes que suponía a los vecinos ser un olvidado barrio de Uceda les llevó a nombrar a un Rey propio, el Rey de Patones, una especie de alcalde o juez de paz que administraba justicia entre los vecinos.

Durante el reinado de Carlos III se escribió un memorial donde se exponía la situación de olvido por parte de la Villa de Uceda. El 3 de Agosto de 1769 se nos concede el título de lugar o aldea independiente de la Villa de Uceda, momento en el que posiblemente desapareció la figura del Rey de Patones.

Desde el siglo XVIII la historia de Patones estuvo marcada por la construcción de distintas infraestructuras hidráulicas. La primera, el canal de Cabarrús, un sistema de riego que abastecía las huertas de Patones, Uceda, Torremocha y Torrelaguna. En el siglo XIX, reinando Isabel II, se construyó la presa del Pontón de la Oliva y el canal que transporta el agua hasta la actual calle Bravo Murillo en Madrid. La última, la presa del Atazar transformó el paisaje y la forma de vida nuestros vecinos.

En el siglo XX de forma paulatina los habitantes de Patones descendieron de Patones de Arriba al llano donde se creó un nuevo núcleo urbano, hoy Patones de Abajo, asentamiento donde habitamos la mayoría de los vecinos. En los años noventa Patones de Arriba se declaró Bien de Interés Cultural y continuó su desarrollo turístico hasta la actualidad. Hoy residen en este pequeño núcleo urbano de forma permanente unos veinte vecinos.

Nuestros orígenes
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